domingo, 21 de marzo de 2021

21. “APRENDIENDO Y DESAPRENDIENDO” (MOISÉS) III. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Exo. 2:15-3:1.

Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. (Sant. 1: 5).

Moisés pasó cuarenta años en los desiertos de Madián, como pastor de ovejas. Aparentemente apartado para siempre de la misión de su vida, recibió la disciplina esencial para su realización (La Educación, pág. 59).

Moisés había aprendido muchas cosas que debía olvidar. Las influencias que le habían rodeado en Egipto, el amor a su madre adoptiva, su propia elevada posición como nieto del rey, el libertinaje que reinaba por doquiera, el refinamiento, la sutileza y el misticismo de una falsa religión, el esplendor del culto idólatra, la solemne grandeza de la arquitectura y de la escultura; todo esto había dejado una profunda impresión en su mente entonces en desarrollo, y hasta cierto punto había amoldado sus hábitos y su carácter.

El tiempo, el cambio de ambiente y la comunión con Dios podían hacer desaparecer estas impresiones. Exigiría de parte de Moisés mismo casi una lucha a muerte renunciar al error y aceptar la verdad; pero Dios sería su ayudador cuando el conflicto fuese demasiado severo para sus fuerzas humanas...

Para recibir ayuda de Dios, el hombre debe reconocer su debilidad y deficiencia; debe esforzarse por realizar el gran cambio que ha de verificarse en él. . . Muchos no llegan a la posición que podrían ocupar porque esperan que Dios haga por ellos lo que él les ha dado poder para hacer por sí mismos. . .

Enclaustrado dentro de los baluartes que formaban las montañas, Moisés estaba solo con Dios. Los magníficos templos de Egipto ya no le impresionaban con su falsedad y superstición. En la solemne grandeza de las colinas sempiternas percibía la majestad del Altísimo, y por contraste, comprendía cuán impotentes e insignificantes eran los dioses de Egipto. Por doquiera veía escrito el nombre del Creador. Moisés parecía encontrarse ante su presencia, eclipsado por su poder. Allí fueron barridos su orgullo y su confianza propia. En la austera sencillez de su vida del desierto, desaparecieron los resultados de la comodidad y el lujo de Egipto. Moisés llegó a ser paciente, reverente y humilde, "muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra" (Núm. 12: 3), y sin embargo, era fuerte en su fe en el poderoso Dios de Jacob (Patriarcas y Profetas, págs. 234, 255). 87

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sábado, 20 de marzo de 2021

20. “VIENDO AL INVISIBLE” (MOISÉS) III. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible.  (Heb. 11: 27).

Moisés tenía un profundo sentido de la presencia personal de Dios. No miraba solamente a través de los siglos esperando que Cristo se manifestase en la carne, sino que veía a Cristo de una manera especial acompañando a los hijos de Israel en todos sus viajes. Dios era real para él, siempre presente en sus pensamientos. Cuando se le interpretaba erróneamente, cuando estaba llamado a arrostrar peligros y soportar insultos por amor de Cristo, los sufría sin represalias. Moisés creía en Dios, como en Aquel a quien necesitaba, y quien le ayudaría por causa de su necesidad. Dios era para él un auxilio presente.

Mucha de la fe que vemos es meramente nominal; escasea la fe verdadera, confiada y perseverante. Moisés realizó en su propia experiencia la promesa de que Dios será galardonador de aquellos que le buscan diligentemente. Tenía respeto por la recompensa del galardón. En esto hay otro punto de la fe que deseamos estudiar: Dios recompensará al hombre de fe y obediencia.  Si esta fe penetra en la experiencia de la vida, habilitará a cada uno de los que temen y aman a Dios para soportar pruebas. Moisés estaba lleno de confianza en Dios, porque tenía una fe que se apropiaba sus promesas. Necesitaba ayuda, oraba por ella, se aferraba a ella por la fe, y entretejía en su experiencia la creencia de que Dios le cuidaba. Creía que Dios regía su vida en particular. Veía y reconocía a Dios en todo detalle de su vida, y sentía que estaba bajo el ojo del que lo ve todo, que pesa los motivos y prueba el corazón.

Miraba a Dios, y confiaba en que él le daría fuerza para vencer toda tentación. . . La presencia de Dios bastaba para hacerle atravesar las situaciones más penosas en las cuales un hombre pudiera ser colocado.

Moisés no pensaba simplemente en Dios; le veía. Dios era la constante visión que había delante de él; nunca perdía de vista su rostro. Veía a Jesús como su Salvador, y creía que los méritos del Salvador le serían imputados. Esta fe no era para Moisés una suposición; era una realidad. Esa es la clase de fe que necesitamos: la fe que soportará la prueba. ¡Oh cuántas veces cedemos a la tentación porque no mantenemos nuestros ojos puestos en Jesús! (Joyas de los Testimonios, tomo 2, págs. 267, 268). 86

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viernes, 19 de marzo de 2021

19. “DE MAS VALOR” (MOISÉS) III. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. (Heb. 11: 26).

Moisés había estudiado. Estaba compenetrado de toda la ciencia de los egipcios, pero éste no era el único requisito que necesitaba para prepararse para su obra.  Por la providencia de Dios, debía aprender a tener paciencia, a dominar sus pasiones. En la escuela de la abnegación y de las privaciones iba a recibir una educación que le resultaría de sumo provecho. Estas pruebas lo prepararían para dispensar un cuidado paternal a todos los que necesitasen su ayuda. Ningún conocimiento, estudio o erudición podía reemplazar esa experiencia de las pruebas para alguien que debía velar por las almas como quien tiene que rendir cuenta. Al realizar el trabajo de un humilde pastor, al olvidarse de sí mismo e interesarse por el rebaño puesto a su cuidado, iba a prepararse para la obra más exaltada dada alguna vez a los mortales, la de ser pastor de las ovejas del prado de Jehová.

Los que temen a Dios en el mundo deben estar en comunión con él. Cristo es el educador más perfecto que alguna vez conoció el mundo. Para Moisés fue más valioso recibir su sabiduría y conocimiento que todas las enseñanzas de los egipcios. . .

La fe de Moisés lo condujo a contemplar las cosas invisibles, eternas. Dejó las espléndidas atracciones de la vida de la corte porque allí estaba el pecado. Abandonó lo aparentemente bueno que estaba a su alcance y que lo conducía solamente a la ruina y a la destrucción. Para él tenían valor las atracciones reales, eternas. Los sacrificios hechos por Moisés no eran realmente sacrificios. Perdía un bien aparente, presente, halagüeño, para obtener el bien seguro, de lo alto, inmortal.

Moisés soportó el vituperio de Cristo, considerándolo de más valor que todas las riquezas de Egipto. Creyó lo que Dios le había dicho y no pudo ser desviado de su integridad por ninguno de los vituperios del mundo. Caminó por la tierra como libre hombre de Dios. . . Miró a las cosas invisibles y no vaciló. Sentía la atracción de la recompensa, y así puede suceder con nosotros. Era amigo de Dios (Testimonies, tomo 4, págs. 343, 345). 85

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jueves, 18 de marzo de 2021

18. “LA UNIVERSIDAD DE DIOS” (MOISÉS) III. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos. (1 Cor. 3:19).

En sus esfuerzos por prepararse para ser colaboradores de Dios, frecuentemente los hombres se colocan en situaciones que los inhabilitan para ser moldeados y plasmados como el Señor quisiera. De esta forma, como sucedió con Moisés, no se les encuentra la semejanza divina. Al someterse a la disciplina de Dios, Moisés se convirtió en un vaso santificado a través del cual pudo trabajar el Señor. No vaciló en cambiar su camino por el camino del Señor, aunque llevara por senderos extraños, aún no trillados…

No fueron las enseñanzas de las escuelas de Egipto las que capacitaron a Moisés para triunfar sobre sus enemigos, sino una fe permanente, una fe firme, una fe que no fallaba frente a las más angustiosas circunstancias. . . Moisés actuaba como viendo al invisible.

Dios no busca hombres de educación perfecta. . . El Señor quiere hombres que aprecien el privilegio de ser obreros suyos, que lo honren con una obediencia absoluta a sus requerimientos sin tener en cuenta teorías previamente inculcadas.

Muchos que buscan eficiencia para la elevada obra de Dios perfeccionando su educación en las escuelas de los hombres, encontrarán que han fallado en aprender las lecciones más importantes que el Señor quiere enseñarles. Al descuidar someterse a los llamados del Espíritu Santo, al no vivir en obediencia a todos los requerimientos de Dios, su eficiencia espiritual se ha debilitado. . .

Al ausentarse de la escuela de Cristo, han olvidado el sonido de la voz del Maestro, y él no puede dirigir su rumbo. Los hombres pueden adquirir todo el conocimiento que un maestro humano imparta; pero Dios requiere de ellos una sabiduría aún mayor. Como Moisés, deben aprender mansedumbre, humildad de corazón, y desconfianza de sí mismos. Nuestro propio Salvador, soportando la prueba por la humanidad, reconoció que por sí solo no podía hacer nada.  Debemos también aprender que no hay fuerza en la humanidad sola. El hombre llega a ser eficiente solamente cuando es hecho participante de la naturaleza divina (Fundamentals of Christian Education, págs. 345-347). 84

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