domingo, 4 de abril de 2021

04. “FUEGO EXTRAÑO” (NADAB Y ABIÚ) IV. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Lev. 10: 1-11.

Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó. (Lev. 10: 1).

Después de Moisés y de Aarón, Nadab y Abiú ocupaban la posición más elevada en Israel. Habían sido especialmente honrados por el Señor, y juntamente con los setenta ancianos se les había permitido contemplar su gloria en el monte. Pero su transgresión no debía disculparse ni considerarse con ligereza. Todo aquello hacía su pecado aún más grave. Por el hecho de que los hombres hayan recibido gran luz, y como los príncipes de Israel, hayan ascendido al monte, hayan gozado de la comunión con Dios y hayan morado en la luz de su gloria, no deben lisonjearse de que pueden después pecar impunemente; no deben creer que porque fueron así honrados, Dios no castigará estrictamente su iniquidad. Este es un engaño fatal. La gran luz y los privilegios otorgados demandan reciprocidad, que debe manifestarse en una virtud y santidad correspondientes a la luz recibida. Dios no aceptará nada menos que esto. Las grandes bendiciones o privilegios no debieran adormecer a los hombres en la seguridad o la negligencia. Nunca debieran dar licencia para pecar, ni debieran creer los favorecidos que Dios no será estricto con ellos. . .

En su juventud, Nadab y Abiú  no habían sido educados  para que desarrollaran hábitos de dominio  propio. . . Los hábitos de complacencia propia, practicados durante mucho tiempo, los dominaban de tal manera que ni la responsabilidad del cargo más sagrado tenía poder para romperlos. No se les había enseñado a respetar la autoridad de su padre, y por eso no comprendían la necesidad de ser estrictos en su obediencia a los requisitos de Dios. La equivocada indulgencia de Aarón respecto a sus hijos, preparó a éstos para que fueran objeto del castigo divino.

Dios quiso enseñar al pueblo que debía acercarse a él con toda reverencia y veneración y exactamente como él indicaba. El Señor no puede aceptar una obediencia parcial. No bastaba que en el solemne tiempo del culto casi todo se hiciera como él había ordenado. . . Nadie se engañe a sí mismo con la creencia de que una parte de los mandamientos de Dios no es esencial, o que él aceptará un sustituto en reemplazo de lo que él ha ordenado (Patriarcas y Profetas, págs. 373- 375). 101

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVuUCOpUfXzaq8n4wQXmyR80

 

sábado, 3 de abril de 2021

03. “CARA A CARA” (MOISÉS) IV. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Exo. 33: 1-17.

Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. (Exo. 33: 11).

Después de la transgresión de Israel, cuando éste se hizo el becerro de oro, Moisés volvió a interceder ante Dios en favor de su pueblo... Había aprendido por experiencia que a fin de tener influencia sobre el pueblo, debía tener primero poder con Dios. El Señor leyó la sinceridad y el propósito abnegado del corazón de su siervo, y condescendió en comunicarse con este débil mortal cara a cara, como un hombre habla con un amigo. Moisés se confió a Dios a sí mismo junto con todas sus cuitas, y abrió libremente su alma delante de él. El Señor no reprendió a su siervo sino que condescendió en escuchar sus súplicas. . .

La respuesta que recibió fue: "Mi rostro irá contigo, y te haré descansar". Pero Moisés no creía que podía conformarse con esto.  Había ganado mucho, pero anhelaba acercarse más a Dios, y obtener mayor seguridad de su permanente presencia. Había llevado la carga de Israel; había soportado un peso abrumador de responsabilidad; cuando el pueblo pecaba, él sufría intenso remordimiento, como si él mismo fuese culpable; y ahora oprime su alma un sentimiento de los terribles resultados que se producirán si Dios abandona a los hijos de Israel a la dureza e impenitencia de su corazón. . . Moisés insiste en su petición con tanto fervor y sinceridad, que le llega la respuesta: "También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre".

Al llegar a este punto esperaríamos que el profeta dejaría de interceder; pero no, envalentonado por su éxito, se atreve a acercarse más a Dios, con una santa familiaridad que supera casi nuestra comprensión. Hace luego una petición que ningún ser humano hizo antes: "Ruégote que me muestres tu gloria". ¡Qué petición de parte de un ser mortal finito! Pero, ¿es rechazado? ¿Le reprende Dios por su pretensión?  No; oímos las misericordiosas palabras: "Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro". . .

En la historia de Moisés podemos ver cuán íntima comunión con Dios puede gozar el hombre (Testimonios Selectos, tomo 3, págs. 383-385). 100

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVuUCOpUfXzaq8n4wQXmyR80

 

viernes, 2 de abril de 2021

02. “LE FALLÓ A SU HERMANO” (AARÓN) IV. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Exo. 32: 7-24.

Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este Pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado? (Exo. 32: 21).

Aarón trató de defenderse explicando los clamores del pueblo. . . Pero de nada le valieron sus excusas y subterfugios. . .

El hecho de que Aarón había sido bendecido y honrado más que el pueblo, hacía tanto más odioso su pecado. Fue Aarón, "El santo de Jehová" (Sal. 106: 16) el que había hecho el ídolo y anunciado la fiesta. Fue él, que había sido nombrado portavoz de Moisés y acerca de quien Dios mismo había manifestado: "Yo sé que él puede hablar bien" (Exo. 4: 14), el que no impidió a los idólatras  que cumplieran su osado  propósito contra el Cielo. Fue Aarón, por medio de quien Dios había obrado y enviado juicios sobre los egipcios y sus dioses, el que sin inmutarse oyó proclamar ante la imagen fundida: "Estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto". Fue él, que presenció la gloria del Señor cuando estuvo con Moisés en el monte y que no había visto nada en ella de lo cual pudiese hacerse una imagen, el que trocó aquella gloria en la semejanza de un becerro. Fue él, a quien Dios había confiado el gobierno del pueblo en ausencia de Moisés, el que sancionó la rebelión del pueblo por lo cual "contra Aarón también se enojó Jehová en gran manera para destruirlo" (Deut. 9: 20). Pero en respuesta a la vehemente intercesión de Moisés, se le perdonó la vida; y porque se humilló y se arrepintió fue restituido al favor de Dios.

Si Aarón hubiera tenido valor para sostener lo recto, sin importarle las consecuencias, habría podido evitar aquella apostasía. Si hubiera mantenido inalterable su fidelidad a Dios, si hubiera recordado al pueblo los peligros del Sinaí y su pacto solemne con Dios, por el cual se habían comprometido a obedecer su ley, se habría impedido el mal. Pero su sumisión a los deseos del pueblo y la tranquila seguridad con la cual procedió a llevar a cabo los planes de ellos, los llevó a hundirse en el pecado más de lo que habían pensado. . .

De todos los pecados que Dios castigará, ninguno es más grave ante sus ojos que el de aquellos que animan a otros a cometer el mal (Patriarcas y Profetas, págs. 331-333). 99

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVuUCOpUfXzaq8n4wQXmyR80

 

jueves, 1 de abril de 2021

01. “CRISIS EN ISRAEL” (EL BECERRO EN HOREB) IV. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Exo. 32: 1-6.

Hicieron becerro en Horeb, se postraron ante una imagen de fundición. Así cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba. (Sal. 106: 19, 20).

En ausencia de Moisés, el poder judicial había sido confiado a Aarón, y una enorme multitud se reunió alrededor de su tienda para presentarle esta exigencia: "Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés. . . no sabemos qué le haya acontecido".  La nube, dijeron ellos. . . se había posado permanentemente sobre el monte, y ya no dirigía más su peregrinación. . .

Para hacer frente a semejante crisis, hacía falta un hombre de firmeza, decisión, y ánimo imperturbable, un hombre que considerara el honor de Dios por sobre el favor popular, por sobre su seguridad personal y su misma vida. Pero el jefe provisorio de Israel no tenía ese carácter. Aarón reconvino débilmente al pueblo, y su vacilación y timidez en el momento crítico sólo sirvieron para hacerlos más decididos en su propósito. . . Algunos permanecieron fieles en su pacto con Dios; pero la mayor parte del pueblo se unió a la apostasía. . .

Aarón temió por su propia seguridad; y en vez de ponerse noblemente de parte del honor de Dios, cedió a las demandas de la multitud. . . Entregaron de buena gana sus adornos, con los cuales él fundió un becerro semejante a los dioses de Egipto. El pueblo exclamó: "Israel, éstos son tus dioses que te sacaron de la tierra de Egipto". Con vileza, Aarón permitió este insulto a Jehová. Y fue aún más lejos. Viendo la satisfacción con que se había recibido el becerro de oro, hizo construir un altar ante él e hizo proclamar: "Mañana será fiesta a Jehová". El anuncio fue proclamado por medio de trompetas de compañía en compañía por todo el campamento. . . Con el pretexto de celebrar una "fiesta a Jehová", se entregaron a la glotonería y la orgía licenciosa.

¡Cuán a menudo, en nuestros propios días, se disfraza el amor al placer bajo la "apariencia de piedad"!  Una religión que permita a los hombres, mientras observan los ritos del culto, dedicarse a la satisfacción del egoísmo o la sensualidad, es tan agradable a las multitudes actuales como lo fue en los días de Israel. Y hay todavía Aarones dóciles que, mientras desempeñan cargos de autoridad en la iglesia, ceden a los deseos de los miembros no consagrados, y así los incitan al pecado (Patriarcas y Profetas, págs. 326-328). 98

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVuUCOpUfXzaq8n4wQXmyR80