miércoles, 17 de marzo de 2021

17. “LA FALSA SABIDURÍA DEL HOMBRE” (MOISÉS) III. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Exo. 2: 11-15.

Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus palabras y obras. (Hech. 7: 22).

Moisés suponía que su educación en la sabiduría de Egipto lo había capacitado completamente para sacar a los hijos de Israel de la esclavitud. ¿No estaba acaso instruido en todo lo que debía saber un general de ejército? ¿No había tenido las mayores ventajas de las mejores escuelas del reino?  Sí; él sentía que podía liberarlos. Primeramente se ocupó en tratar de ganar el favor de su propio pueblo haciéndole justicia. Mató a un egipcio que oprimía a uno de sus hermanos. Al hacer esto, manifestó el espíritu de aquel que es homicida desde el principio, y probó que no era digno de representar al Dios de misericordia, amor y ternura. Su primer intento se convirtió en un fracaso miserable. Como muchos otros, inmediatamente perdió su confianza en Dios y dio la espalda a la obra que se le había encomendado.

Huyó de la ira del Faraón. Llegó a la conclusión de que a causa de su error. . . Dios no le permitiría tener parte alguna en la obra de liberar a su pueblo de su cruel esclavitud. Pero el Señor permitió que sucedieran estas cosas para poder enseñarle la bondad, benevolencia y paciencia que todo obrero del Señor necesita tener. . .

Estando Moisés en las mismas cumbres de su gloria humana, el Señor permitió que revelara la necedad de la sabiduría del hombre, la debilidad de la fuerza humana, para hacerle comprender su completa impotencia y su ineficiencia sin el sostén del Señor Jesús (Fundamentals of Christian Education, págs. 342, 344).

Al dar muerte al egipcio, Moisés había caído en el mismo error que cometieron tan a menudo sus antepasados; es decir, había intentado realizar por sí mismo lo que Dios había prometido hacer. Dios no se proponía libertar a su pueblo mediante la guerra, como pensó Moisés, sino por su propio gran poder, para que la gloria fuese atribuida solo a él. No obstante, aun de este acto apresurado se valió el Señor para cumplir sus propósitos. 

Moisés no estaba preparado para su gran obra. Aún tenía que aprender la misma lección de fe que se les había enseñado a Abrahán y a Jacob, es decir, a no depender, para el cumplimiento de las promesas de Dios, de la fuerza y sabiduría humanas, sino del poder divino (Patriarcas y Profetas, pág. 253). 83

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVuUCOpUfXzaq8n4wQXmyR80

 

martes, 16 de marzo de 2021

16. “LA ELECCIÓN CORRECTA” (MOISÉS) III. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado. (Heb. 11: 24, 25).

Moisés recibió en las escuelas de Egipto la más elevada educación civil y militar.  Dotado de grandes atractivos personales, de formas y estatura nobles, de mente cultivada y porte principesco, y renombrado como jefe militar, llegó a ser el orgullo de la nación (La Educación, pág. 58).

De conformidad con las leyes de Egipto, todos los que ocupaban el trono de los Faraones debían llegar a ser miembros de la casta sacerdotal; y Moisés, como presunto heredero, debía ser iniciado en los misterios de la religión nacional. . . Pero aunque era celoso e incansable estudiante, no pudieron inducirle a la adoración de los dioses. Fue amenazado con la pérdida de la corona, y se le advirtió que sería desheredado por la princesa si insistía en su apego a la fe hebrea. Pero permaneció inconmovible en su determinación de no rendir homenaje a otro Dios que el Hacedor del cielo y de la tierra…

Moisés estaba capacitado para destacarse entre los grandes de la tierra, para brillar en las cortes del reino más glorioso, y para empuñar el cetro de su poder.  Su grandeza intelectual lo distingue entre los grandes de todas las edades, y no tiene par como historiador, poeta, filósofo, general y legislador. Con el mundo a su alcance, tuvo fuerza moral para rehusar las halagüeñas perspectivas de riqueza, grandeza y fama. . .

Moisés había sido instruido tocante al galardón final que será dado a los humildes y obedientes siervos de Dios, y en comparación con el cual la ganancia mundanal se hundía en su propia insignificancia. El magnífico palacio de Faraón y el trono del monarca fueron ofrecidos a Moisés para seducirle; pero él sabía que los placeres pecaminosos que hacen a los hombres olvidarse de Dios imperaban en sus cortes señoriales. Vio más allá del esplendoroso palacio, más allá de la corona de un monarca, los altos honores que se otorgarán a los santos del Altísimo en un reino que no tendrá mancha de pecado. Vio por la fe una corona imperecedera que el Rey del cielo colocará en la frente del vencedor (Patriarcas y Profetas, págs. 251, 252). 82

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVuUCOpUfXzaq8n4wQXmyR80

 

lunes, 15 de marzo de 2021

15. “UNA MADRE ESCLAVA” (JOCABED) III. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Exo. 2: 1-10.

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él. (Prov. 22: 6).

JOCABED era mujer y esclava. Su destino en la vida era humilde y su carga pesada. Sin embargo, el mundo no ha recibido beneficios mayores mediante ninguna otra mujer, con excepción de María de Nazaret. Sabiendo que su hijo había de pasar pronto de su cuidado al de aquellos que no conocían a Dios, se esforzó con más fervor aún para unir su alma con el cielo (La Educación, pág. 58).

Trató de inculcarle la reverencia a Dios y el amor a la verdad y a la justicia, y oró fervorosamente que fuese preservado de toda influencia corruptora. Le mostró la insensatez y el pecado de la idolatría, y desde muy temprana edad le enseñó a postrarse y orar al Dios viviente, el único que podía oírle y ayudarle en toda emergencia.

La Madre retuvo a Moisés tanto tiempo como pudo, pero se vio obligada a entregarlo cuando tenía como doce años de edad. De su humilde cabaña fue llevado al palacio real, y la hija de Faraón lo prohijó. Pero en Moisés no se borraron las impresiones que había recibido en su niñez. No podía olvidar las lecciones que aprendió junto a su madre. Le fueron un escudo contra el orgullo, la incredulidad y los vicios que florecían en medio del esplendor de la corte.

¡Cuán extensa en sus resultados fue la influencia de aquella sola mujer hebrea, a pesar de ser una esclava desterrada! Toda la vida de Moisés y la gran misión que cumplió como caudillo de Israel dan fe de la importancia de la obra de una madre piadosa. Ninguna otra tarea se puede igualar a ésta.

En un grado sumo, la madre modela con sus manos el destino de sus hijos. Influye en las mentes y en los caracteres, y obra no sólo para el presente sino también para la eternidad. Siembra la semilla que germinará y dará fruto, ya sea para bien o para mal. 

La madre no tiene que pintar una forma bella sobre un lienzo, ni cincelarla en un mármol, sino que tiene que grabar la imagen divina en el alma humana. . . Comprenda toda madre que su tiempo no tiene precio; su obra ha de probarse en el solemne día de la rendición de cuentas (Patriarcas y Profetas, págs. 249, 250). 81

AUDIO:

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