miércoles, 13 de octubre de 2021

13. “COMO EL VIENTO SOPLA” (NICODEMO) X. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciera de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. (Juan 3:5).

Nicodemo estaba asombrado, tanto como indignado, ante estas palabras. Se consideraba no sólo intelectual, sino hombre pío y religioso. . .

No podía armonizar esta doctrina de la conversión con su concepto de lo que constituía la religión. No podía encontrar una explicación satisfactoria de la ciencia de la conversión; pero, mediante un ejemplo, Jesús le mostró que ésta no podía explicarse por ninguno de sus métodos precisos.

Jesús le señaló el hecho de que no podía ver el viento, y sin embargo podía discernir su acción. Quizá nunca podría explicar el proceso de la conversión, pero podía discernir su efecto. El oía el sonido del viento, que sopla de donde quiere, y podía ver el resultado de su acción. No estaba a la vista el agente operador. . .

Ningún razonamiento humano del hombre más docto puede definir las operaciones del Espíritu Santo sobre la mente y el carácter de los hombres. Sin embargo, pueden verse los efectos en la vida y en las acciones. . .

Nicodemo no anhelaba recibir la verdad, porque no podía comprender todo lo relacionado con la operación del poder de Dios. Sin embargo, aceptaba los hechos de la naturaleza, aunque no podía explicarlos o siquiera comprenderlos. Como otros hombres de todas las épocas, consideraba que las formas y ceremonias precisas eran más esenciales para la religión que la obra interior del Espíritu de Dios (RH 5-5-1896).

Podemos lisonjearnos como Nicodemo de que nuestra vida ha sido muy buena, de que nuestro carácter es perfecto, y pensar que no necesitamos humillar nuestro corazón delante de Dios como el pecador común, pero cuando la luz de Cristo resplandece en nuestras almas, vemos cuán impuros somos; discernimos el egoísmo de nuestros motivos y la enemistad contra Dios que han manchado todos los actos de nuestra vida.

Entonces conocemos que nuestra propia justicia es en verdad como andrajos inmundos y que solamente la sangre de Cristo puede limpiarnos de las manchas del pecado y renovar nuestro corazón a su semejanza (El Camino a Cristo, pág. 27). 293

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martes, 12 de octubre de 2021

12. “ENTREVISTA SECRETA” (NICODEMO) X. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Juan 3:1-21.

Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. (Tito 3:5).

Nicodemo ocupaba un puesto elevado y de confianza en la nación judía. Era un hombre muy educado, y poseía talentos extraordinarios. Era un renombrado miembro del concilio nacional. Como otros, había sido conmovido por las enseñanzas de Jesús. . .

Deseaba ardientemente entrevistarse con Jesús, pero no osaba buscarle abiertamente. . .  Aguardó hasta que la ciudad quedase envuelta por el sueño, y entonces salió en busca de Jesús. . .

"Rabí -dijo- sabemos que has venido de Dios por Maestro. . .". Sus palabras estaban destinadas a expresar e infundir confianza; pero en realidad expresaban incredulidad. No reconocía a Jesús como el Mesías, sino solamente como maestro enviado de Dios.

Jesús fijó los ojos en el que le hablaba, como si leyese en su alma. En su infinita sabiduría, vio delante de sí a uno que buscaba la verdad. . . Fue directamente al tema que le preocupaba, diciendo solemne aunque bondadosamente: "En verdad, en verdad te digo: A menos que el hombre naciere de lo alto, no puede ver el reino de Dios". . .

Nicodemo había oído la predicación de Juan el Bautista concerniente al arrepentimiento y el bautismo. . .  Sin embargo, el mensaje escrutador del Bautista no había producido en él convicción de pecado. Era un fariseo estricto, y se enorgullecía de sus buenas obras. Era muy estimado por su benevolencia y generosidad en sostener el culto del templo, y se sentía seguro del favor de Dios. Le sorprendió la idea de un reino demasiado puro para que él lo viese en la condición en que estaba. . .

Pero por virtud de su nacimiento como israelita, se consideraba seguro de tener un lugar en el reino de Dios. Le Parecía que no necesitaba cambio alguno. 

Por esto le sorprendieron las palabras del Salvador. Le irritaba su íntima aplicación a sí mismo. El orgullo del fariseo contendía contra el sincero deseo del que buscaba la verdad (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 140-142). 292 

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lunes, 11 de octubre de 2021

11. “DUDAS Y PREGUNTAS” (BASES DEL DISCIPULADO) X. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Mat. 14:22-33.

Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! (Mat. 14:27).

Los discípulos. . . "entrando en un barco, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum". Habían dejado a Jesús descontentos en su corazón. . . Murmuraban porque no les había permitido proclamarle rey. Se culpaban por haber cedido con tanta facilidad a su orden. . .

La incredulidad estaba posesionándose de su mente y corazón. El amor a los hombres los cegaba. . . ¿No habría nunca de asumir Cristo su autoridad como rey? ¿Por qué no se revelaba en su verdadero carácter el que poseía tal poder, y así hacía su senda menos dolorosa? ¿Por qué no había salvado a Juan el Bautista de una muerte violenta? Así razonaban los discípulos hasta que trajeron sobre si grandes tinieblas espirituales. Se preguntaban: ¿Podía ser Jesús un impostor, según aseveraban los fariseos?. . .

Ese día los discípulos habían presenciado las maravillosas obras de Cristo. Parecía que el cielo había bajado a la tierra. El recuerdo de aquel día precioso y glorioso debiera haberlos llenado de fe y esperanza. Si de la abundancia de su corazón hubiesen estado conversando respecto a estas cosas, no habrían entrado en tentación. . .

Sus pensamientos eran tumultuosos e irrazonables, y el Señor les dio entonces otra cosa para afligir sus almas y ocupar sus mentes. Dios hace con frecuencia esto cuando los hombres se crean cargas y dificultades. . . Una violenta tempestad estaba por sobrecogerles y ellos no estaban preparados para ella. . . Olvidaron su desafecto, su incredulidad, su impaciencia. Cada uno se puso a trabajar para impedir que el barco se hundiese. . . Hasta la cuarta vela de la noche lucharon con los remos.

Entonces los hombres cansados se dieron por perdidos. En la tempestad y las tinieblas, el mar les había enseñado cuán desamparados estaban, y anhelaban la presencia de su Maestro.

Jesús no los había olvidado. . . En el momento en que ellos se creyeron perdidos, un rayo de luz reveló una figura misteriosa que se acercaba a ellos sobre el agua. . . Su amado Maestro se volvió entonces, y su voz aquietó su temor: "Alentaos; yo soy, no temáis" (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 342-344). 291

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domingo, 10 de octubre de 2021

10. “NINGUNO ERA PERFECTO” (BASES DEL DISCIPULADO) X. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. (2 Cor. 4:7).

Todos los discípulos tenían graves defectos cuando Jesús los llamó a su servicio.

Aun Juan, quien vino a estar más íntimamente asociado con el manso y humilde Jesús, no era por naturaleza manso y sumiso. El y su hermano eran llamados "hijos del trueno". Aun mientras andaba con Jesús, cualquier desprecio hecho a éste despertaba su indignación y espíritu combativo.

En el discípulo amado, había mal genio, espíritu vengativo y de crítica. Era orgulloso y ambicionaba ocupar el primer puesto en el reino de Dios. Pero día tras día, en contraste con su propio espíritu violento, contempló la ternura y la tolerancia de Jesús, y fue oyendo sus lecciones de humildad y paciencia.

Abrió su corazón a la influencia divina y llegó a ser no solamente oidor sino hacedor de las obras del Salvador. Ocultó su personalidad en Cristo y aprendió a llevar el yugo y la carga de Cristo.

Jesús reprendía a sus discípulos. Los amonestaba y precavía; pero Juan y sus hermanos no le abandonaron; prefirieron quedar con Jesús a pesar de las reprensiones. El Salvador no se apartó de ellos por causa de sus debilidades y errores. Ellos continuaron compartiendo hasta el fin sus pruebas y aprendiendo las lecciones de su vida. Contemplando a Cristo, llegó a transformarse su carácter. . .

Como representantes suyos entre los hombres, Cristo no elige ángeles que nunca cayeron, sino a seres humanos, hombres de pasiones iguales a las de aquellos a quienes tratan de salvar. . . Habiendo estado en peligro ellos mismos, conocen los riesgos y dificultades del camino, y por esta razón son llamados a buscar a los demás que están en igual peligro. Hay almas afligidas por la duda, cargadas de flaquezas, débiles en la fe e incapacitadas para comprender al Invisible; pero un amigo a quien pueden creer, que viene a ellos en lugar de Cristo, puede ser el vínculo que corrobore su temblorosa fe en Cristo. Hemos de colaborar con los ángeles celestiales para presentar a Jesús al mundo (El Deseado de Todas las Gentes, págs. 262-264). 290

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