sábado, 4 de marzo de 2023

04. “LA SANGRE DE CRISTO FUE DERRAMADA PARA PERDONAR NUESTROS PECADOS” (III. REFLEJEMOS A JESÚS COMO NUESTRA JUSTIFICACIÓN) EGW.

Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús. (Romanos 3:23,24).

Necesitamos a Jesús cada momento. Permitir que su amor se escape de nuestros corazones significa mucho. Por esto El mismo dice: "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor" (Apocalipsis 2:4)...

La religión de muchos es como un témpano, heladamente fría.

 Los corazones de no pocos están todavía sin ablandarse, sin someterse.

No pueden afectar a los corazones de los demás porque sus propios corazones no están cargados con el bendito amor que fluye del corazón de Cristo...

La religión genuina se basa en una creencia en las Escrituras. Ha de creerse la Palabra de Dios sin albergar dudas.

Ninguna parte de ella ha de ser eliminada o modificada para ajustarse a ciertas teorías. Los hombres no han de exaltar la sabiduría humana al enjuiciar la Palabra de Dios. La Biblia fue escrita por hombres santos de la antigüedad inspirados por el Espíritu Santo; y este Libro contiene todo lo que sabemos con seguridad acerca de Dios y de Cristo, y todo lo que podemos esperar saber, a menos que como Pablo, seamos transportados al tercer cielo... Esta revelación no corrompió la humildad del apóstol.

La vida del cristiano es regulada por la Palabra de Dios tal como está escrita. Todas las verdades del Antiguo y del Nuevo Testamentos forman un todo completo. Hemos de acariciar, creer y obedecer estas verdades.

Para el verdadero discípulo, la fe en Dios es un principio vivo y activo; "porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación" (Romanos 10:10). Por la fe el hombre cree que recibe la justicia de Cristo.

La fe, en sí misma, es un acto de la mente. Jesús mismo es el autor y consumador de nuestra fe. El dio su vida por nosotros, y su sangre habla en nuestro favor cosas mejores que las que habló la sangre de Abel, que clamaba a Dios contra Caín, el homicida. La sangre de Cristo fue derramada para perdonar nuestros pecados.

Muchos cometen el error de tratar de definir con precisión las sutiles distinciones entre justificación y santificación. A menudo introducen en estas definiciones sus propias ideas y especulaciones. ¿Por qué tratar de ser más minuciosos que la Inspiración en el tema vital de la justificación por la fe? Manuscrito 21, de 1891.

Los que están unidos a Cristo mediante el ejercicio diario a cada hora, de la fe que obra por amor y purifica el alma, reciben el perdón de sus pecados, y son santificados para vida eterna. Manuscrito 12a, de 1901. RJ69/EGW/MHP 70 

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=hXNdUugfPbs&list=PLtrFh-HO7ogAse7AivMOQVZcSkRU3uK8P&index=4&pp=sAQB


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