viernes, 17 de marzo de 2023

17. “DIOS CONTESTA LA FERVIENTE ORACIÓN DE DANIEL” (III. REFLEJEMOS A JESÚS COMO NUESTRA JUSTIFICACIÓN) EGW.

Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. (Daniel 10:11,12).

"Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión... y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento" (Daniel 10:7,8).

Todos los que están verdaderamente santificados tendrán una experiencia similar. Cuanto más claras sus concepciones de la grandeza, la gloria y la perfección de Cristo, más vívidamente verán su propia debilidad e imperfección.

No tendrán ninguna disposición a alardear de un carácter impecable; lo que parecía correcto y amable en ellos, en contraste con la pureza y la gloria de Cristo aparecerá solamente como indigno y corruptible.

Cuando los hombres se hallan separados de Dios, y tienen conceptos muy vagos de Cristo, entonces dicen: "Soy sin pecado, estoy santificado".

Gabriel ahora se le apareció al profeta, y se dirigió a él en estos términos: "Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré" (cap. 10:11)...

 ¡Qué grande honor se le muestra a Daniel por parte de la Majestad del cielo!

Dios consuela a su siervo tembloroso, y le asegura que su oración ha sido escuchada en el cielo. En respuesta a esta ferviente petición, el ángel Gabriel es enviado para influir sobre el corazón del monarca persa.

El rey ha resistido las impresiones del Espíritu de Dios durante las tres semanas en que Daniel estaba ayunando y orando, pero el Príncipe del cielo, el Arcángel, Miguel, es enviado para cambiar el corazón del obstinado rey e inducirlo a tomar una medida resuelta en respuesta a la oración de Daniel.

 "Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios...

 Y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido" (cap. 10:15-19).

Tan grande era la gloria divina revelada a Daniel que él no la pudo soportar.

Entonces el mensajero del cielo veló la refulgencia de su rostro y apareció al profeta "con semejanza de hijo de hombre" (versículo 16). Por medio de su poder divino fortaleció a este hombre de integridad y de fe, para escuchar el mensaje enviado a él de parte de Dios.

Daniel era un siervo devoto del Altísimo. Su larga vida estuvo llena de nobles hechos de servicio por su Maestro. Su pureza de carácter y su inalterable fidelidad son igualadas por su humildad de corazón y su contrición delante de Dios. Repetimos, la vida de Daniel es una ilustración inspirada de verdadera santificación. -La educación del carácter, págs. 65-67. RJ82/EGW/MHP 83 

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=NxJeuiq45HE&list=PLtrFh-HO7ogAse7AivMOQVZcSkRU3uK8P&index=17&pp=sAQB

 

 

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