miércoles, 24 de mayo de 2023

24. “SABIDURÍA PARA CUMPLIR EL PROPÓSITO DEL CREADOR” (V. REFLEJEMOS A JESÚS EN LAS LEYES NATURALES) EGW

 

El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia. (Proverbios 9:10).

Todas las distintas capacidades que el hombre posee -de la mente, del alma y del cuerpo- le fueron dadas por Dios para que las dedique a alcanzar el más alto grado de excelencia posible.

Pero esta cultura no puede ser egoísta ni exclusiva; porque el carácter de Dios, cuya semejanza hemos de recibir, es benevolencia y amor.

Toda facultad y todo atributo con que el Creador nos haya dotado deben emplearse para su gloria y para el ennoblecimiento de nuestros semejantes.

Y en este empleo se halla la ocupación más pura, más noble y más feliz.

Si se concediera a este principio la atención que merece por su importancia, se efectuaría un cambio radical en algunos de los métodos corrientes de enseñanza.

En vez de despertar el orgullo, la ambición egoísta y un espíritu de rivalidad, los maestros procurarían evocar un sentimiento de amor a la bondad, a la verdad y a la belleza; harían desear lo excelente.

El alumno se esforzaría por desarrollar en sí mismo los dones de Dios, no para superar a los demás, sino para cumplir el propósito del Creador y recibir su semejanza.

En vez de ser encauzado hacia las meras normas terrenas o movido por el deseo de exaltación propia que de por sí empequeñece y rebaja, el espíritu sería dirigido hacia el Creador, para conocerle y llegar a serle semejante...

La formación del carácter es la gran obra de la vida; y un conocimiento de Dios, el fundamento de toda educación verdadera... La ley de Dios es un reflejo de su carácter. 

Por esto dice el salmista: "Todos tus mandamientos son justicia" y "de tus mandamientos he adquirido inteligencia" (Salmo 119:172,104).

 Dios se nos ha revelado en su Palabra y en las obras de la creación.

Por el libro de la inspiración y el de la naturaleza hemos de obtener un conocimiento de Dios.

Una ley del intelecto humano hace que se adapte gradualmente a las materias en las cuales se le enseña a espaciarse.

 Si se dedica solamente a asuntos triviales, se atrofia y se debilita.

 Si no se le exige que considere problemas difíciles, pierde con el tiempo su capacidad de crecer.

Como instrumento educador la Biblia no tiene rival.

En la Palabra de Dios, la mente halla temas para la meditación más profunda y las aspiraciones más sublimes.

La Biblia es la historia más instructiva que posean los hombres.

Proviene directamente de la fuente de verdad eterna, y una mano divina ha conservado su integridad y pureza a través de los siglos. 

-Patriarcas y profetas, págs. 646, 647. RJ150/EGW/MHP 151

AUDIO. https://www.youtube.com/watch?v=9Feqz-5feYI&list=PLtrFh-HO7ogCN7TYCzWFldOpHDCN8XOF7&index=24&pp=sAQB

 

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