miércoles, 1 de diciembre de 2021

01. “PABLO EXALTA LA CRUZ” XII. CONFLICTO Y VALOR (EGW).

Hech. 17:15-33; 18:1-4.

Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. . . y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder. (1 Cor. 2:2,4).

Había sido la costumbre de Pablo adoptar un estilo retórico en su predicación. Era un hombre preparado para hablar ante reyes, ante los hombres más grandes y doctos de Atenas y sus conocimientos intelectuales eran a menudo de valor al preparar el camino para el Evangelio.

Trató de hacer esto en Atenas, enfrentando la elocuencia con elocuencia, la filosofía con filosofía y la lógica con lógica, pero no encontró el éxito que esperaba. Su perspicacia lo llevó a comprender que necesitaba algo que estaba más allá de la sabiduría humana. . . Debía recibir su poder de una fuente superior. A fin de convencer y convertir a los pecadores, el Espíritu de Dios debía intervenir en su obra y santificar todo proceso espiritual (SDA Bible Commentary, tomo 6, pág. 1084).

Para Pablo, la cruz era el único objeto de supremo interés. Desde que fuera contenido en su carrera de persecución contra los seguidores del crucificado Nazareno, no había cesado de gloriarse en la cruz. . . Sabía por experiencia personal que una vez que un pecador contempla el amor del Padre, como se lo ve en el sacrificio de su Hijo, y se entrega a la influencia divina, se produce un cambio de corazón, y Cristo es desde entonces todo en todo.

En ocasión de su conversión, Pablo se llenó de un vehemente deseo de ayudar a sus semejantes a contemplar a Jesús de Nazaret como el Hijo del Dios vivo, poderoso para transformar y salvar. Desde entonces dedicó enteramente su vida al esfuerzo de pintar el amor y el poder del Crucificado. . .

Los esfuerzos del apóstol no se limitaban a la predicación pública; había muchos que no podrían ser alcanzados de esa manera. . . Visitaba a los enfermos y tristes, consolaba a los afligidos y animaba a los oprimidos. En todo lo que decía y hacía, magnificaba el nombre de Jesús. . .

Pablo comprendía que su suficiencia no estaba en él, sino en la presencia del Espíritu Santo, cuya misericordiosa influencia llenaba su corazón. . .  El yo estaba escondido; Cristo era revelado y ensalzado (Los Hechos de los Apóstoles, págs. 199, 203, 204). 

AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVuPpX6vP-uxa30H1-0TyxIr


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