Juan 4: 4-42.
Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no
tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en el una fuente de agua
que salte para vida eterna. (Juan 4:14).
Cuando Jesús se sentó para descansar junto al
pozo de Jacob, venía de Judea, donde su ministerio había producido poco fruto.
. . Se sentía débil y cansado, pero no descuidó la oportunidad de hablar a una
mujer sola, aunque era una extraña, enemiga de Israel y vivía en pecado (El
Deseado de Todas las Gentes, pág. 165).
Mientras la mujer hablaba con Jesús, le
impresionaron sus palabras. . . Comprendió la sed de su alma, que las aguas del
pozo de Sicar no podrían nunca satisfacer. Nada de todo lo que había conocido
antes, le había hecho sentir así su gran necesidad. Jesús la había convencido
de que leía los secretos de su vida; sin embargo, se daba cuenta de que era un
amigo que la compadecía y la amaba.
Aunque la misma pureza de su presencia
condenaba el pecado de ella, no había pronunciado acusación alguna, sino que le
había hablado de su gracia, que podía renovar el alma. . .
Dejando su cántaro, volvió a la ciudad para llevar el mensaje a otros. . . Con corazón rebosante de alegría, se apresuró a impartir a otros la preciosa luz que había recibido. "Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizá es éste el Cristo?" dijo a los hombres de la ciudad. Sus palabras conmovieron los corazones. Había en su rostro una nueva expresión, un cambio en todo su aspecto.
Se interesaron por
ver a Jesús. . .
Tan pronto como halló al Salvador, la mujer samaritana
trajo otros a él. Demostró ser una misionera más eficaz que los propios
discípulos. Ellos. . . tenían sus pensamientos fijos en una gran obra futura, y
no vieron que en derredor de si había una mies que segar. Pero por medio de la
mujer a quien ellos despreciaron, toda una ciudad llegó a oír del Salvador. . .
Esta mujer representa la obra de una fe
práctica en Cristo. Cada verdadero discípulo nace en el reino de Dios como
misionero. El que bebe del agua viva, llega a ser una fuente de vida. El que
recibe llega a ser un dador (Id., págs. 160-162,166). 295
AUDIO: https://youtube.com/playlist?list=PLVsLdOIe7sVtrbL52hGjPNaJMDGwACpWZ
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